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martes, 25 de diciembre de 2012

Mujeres engañadas...

Tenía 17 años y finalizaba su secundaria, su mundo aún de color de rosa, con los rituales propios de la edad, amiguitas inseparables de por vida, serenatas de las compañeritas, todo un horizonte de posibilidades para comerse al mundo.

En el pueblo era bien vista, de buena familia, asistía a la iglesia y al grupo de jóvenes, era buena ("¡ahhh que muchacha tan buena!", dirían las viejitas del barrio). Alegre, amable, linda, delgada, de buenas costumbres y sobreprotegida, de vez en cuando viajaba en bus. La niña vivía encerrada en una burbuja de felicidad.

Él tenía 24, finalizaba la ingeniería en el Tecnológico, pertenecía al mismo grupo de jóvenes aunque era del círculo de los dirigentes, tocaba la guitarra, desenvuelto, con buenas relaciones interpersonales que había desarrollado a traves del tiempo por el contacto continuo con muchas personas. Joven sin vicios, no llegaba tarde a casa y de buen ver. 

Ambos se encontraron y se entendieron. Iniciaron una relación, aprobada por todos. Parecían una pareja de Hollywood o de familia real. La pareja perfecta. Cumplían con todas las apariencias, pero a lo interno la cosa no iba muy bien.

Él empezó a ir a llegar tarde a sus citas con ella y solo una vez por semana, no la llamaba entre semana, cuando deberían de estarse besando, él pasaba dormido 30 min de las 2 horas en las que se veían a la semana en el sillón de su casa, nunca le tocó, no le reflejó pasión. Ella callada, asumía todo, aguantaba todo.

Él duró 3 semanas buscando el regalo de su mejor amigo para navidad, no escatimó en su costo, lo quería para él. A ella le compró lo primero que encontró, a contra tiempo y con lo que le había sobrado de dinero del primer regalo.

No se preocupó cuando le llegaron a decir que ella se entendía muy bien con un chavalo de Ecuador ("es seminarista y ahorita se va" se dijo), sólo actuó para defender su orgullo y dignidad de hombre casi prohibiendole a su novia que no volviera a ver a ese muchacho y fue por insistencia de sus amigos.

Él se fue a la playa un 13 de febrero dejándola sola en la casa, con la estúpida excusa de celebrar el día de los enamorados el 15, entre el 14 de feb y el 16, día en que celebraban 6 mes de estar juntos.

Fueron a ver a David Bisbal, al parecer él estaba más emocionado que ella por ese concierto. La usó como excusa de acompañarla y como tapadera en la fila.

Aún no se explica cómo le aguantaron tanto. Deseaba terminarla, pero su abuela estaba delicada y se aproximaba sus 18 primaveras, no podía cortar.

Por su parte, cuando él veía porno en su casa, terminaba viendo escenas gay. Algo no cuadraba, algo estaba mal. Defendió a su amigo cuando ella le dijo que habían comentarios de que tenía una relación con otro mae. Él se mantuvo fiel a la amistad a pesar de las malas lenguas.

Un 30 de mayo de 2004, mientras salían a caminar, él le confiesa a su amigo que no tenía clara su sexualidad y su amigo le confiesa que es gay. En la oscuridad de la noche, no se contuvieron las ganas y sus manos acariciaron por sus entrepiernas.

Un mes después, la relación de ella y él se terminaba con la excusa de la madurez que da la universidad con respecto a la vision del mundo ha abierto un abismo ........ . . . . . . 

Fue condescendiente, ella estaba enamorada, no podía llegar y decirle a secas "mi amor, termino contigo porque descubrí que soy gay", o sea, así la hubiera o matado o mandado a un convento. Su primer amor, su perfecto amor era gay.... de muerte súbita. Nunca la tocó, nunca le besó apasionadamente, nunca se dejó tocar por ella.

Ya el tiempo y las malas lenguas se iban a encargar de contarle a ella la verdad, en dos ocasiones la vió en su casa hablando con su madre, no cruzó con ella más que un par de saludos. En la calle, como extraños. 

Los dos amigos siguieron experimentando su nueva opción de sexualidad hasta que el tiempo y las circunstancias de vida los separó.



Aún estoy esperando un capítulo con una historia similar a esta en Decisiones de mujeres, porque tristemente este no es un caso aislado, hay mucho peores, casos donde el mae prefiere esconderse debajo de las faldas de su novia y usarla de tapadera mientras coge con su mejor amigo. Otros bajo el excusa de haber sentido el llamado de dios se esconden bajo una sotana.

Insistimos, el closet es para la ropa.

Saludos


miércoles, 18 de julio de 2012

Ser católico y gay a la vez?


Este es un tema super escabroso por el montón de aristas que tiene, hay mucha tela que cortar y tema de nunca acabar.

En lo que a mí respecta, he abordado este dilema de la siguiente forma.

Mis antecedentes

Nací en familia muy conservadora, católica y herediana. Es una familia grande de un patriarca muy estricto y volcado de lleno a la religión. Mi abuelo, hombre respetable en el pueblo. Ser hijo o nieto de este señor ya te hacía miembro inmediato de la alcurnia, como suele ser en los pueblos a finales del siglo XX. Era casi como ser de familia real. Por lo que los descendientes de un miembro respetable de la sociedad debía de guardar la compostura y reglas sociales, comportarse a la altura del patriarca.

A pesar del pasar del tiempo muertos ya mis abuelos, mis tias y mi madre fueron fieles a la tradición de su crianza, por lo que nos educaron de la forma más correcta posible. 

Me di cuenta de que era gay a los 14 años, pero me asustaba el hecho del qué dirán, un nieto de don  Joaquín (nombre ficticio) homosexual era el oprobio en la familia y había que guardar las apariencias, más cuando en la familia había un nieto en el seminario y una nieta monja misionera.

Me lo negué, lo negué por 10 años, en este periodo de tiempo me encerré en grupos religiosos de pastorales juveniles, movimiento de encuentros de promoción juvenil, coros religiosos y hasta el punto de hacer núcleos vocacionales. También tenía mucha influencia religiosa, mi padrino de confirma es sacerdote y tuve un guía espiritual de grueso calibre, que junto a un desfile de seminaristas y sacerdotes formadores que me ayudaban en mi discernimiento de mi vocación y formación religiosa con retiros espirituales y demás. Hasta me fui de misión en las recónditas montañas de Palmar Sur, en la zona sur de mi país en una semana santa. No lo niego, todo esto me ayudó a ser lo que soy hoy, una persona independiente, de pensamiento propio, critico, líder, un poco creativo, firme en mis convicciones, espiritual. Tampoco voy a atribuirle el hecho de negar mi homosexualidad para realizar todas esas cosas, de hecho, mi identidad sexual quedó relegada, tenía otras cosas que me distraían.

Hasta que llegó lo inevitable, enfrentarme a mi mismo y aceptar lo que soy. Dejé núcleos vocacionales por miedo a que descubrieran que era gay y me echaran de la forma más humillante posible. Por lo que preferí seguir el consejo de mi madre y terminar una carrera universitaria. Seguí negandolo un tiempo más, tuve 3 novias. 

El 31 de mayo de 2004, cuando caminaba con un amigo, le dije "No tengo clara mi orientación sexual", el hecho de decirlo con mi boca, era admitirlo, ya no había vuelta atrás. Había pasado la línea de lo no aceptable por la iglesia, rompí con mi última novia con el cuento de la madurez, y no era tan mentira, había 7 años de diferencia y un periodo de universidad, si le hubiera dicho que era gay, cae en cruz y nunca más con un hombre, más que estaba re-enamorada (pobre mujer engañada!).

Y vi que era bueno (rico y sabroso), digo, que no sabía a pecado como nos habían dicho, que salirse de lo establecido era casi como estar en el infierno en la tierra, que todo te iba a salir mal y que el mundo sería frío, oscuro y tenebroso. Vi que no iba a desatar la furia de dios partiéndome con un rayo o iba a dejar caer sobre mi un meteorito. Justo antes de este instante, llegué a confesarme cada semana, hasta le mentía al cura de la última vez de la confesión para que no me preguntara nada, o sea, estaba a una cuarta del cielo, todo por un terrible y pesado sentimiento de culpa.

Frente a mi mismo me dije: Esto no pudo seguir así, y como Hamlet me dije: ser o no ser, ese es el dilema. O soy católico o soy gay, es como el agua y el aceite. Me criaron de manera que no puedo llevar doble vida, me criaron para ser auténtico, por eso no va conmigo la hipocresía, la infidelidad ni la mentira, por eso no podía ser sacerdote, que horror!

Me dije: Lo playo no se me iba a quitar nunca, pero podía deshacerme del sentimiento de culpa que una religión cargaría sobre mí. Así que decidí dejar la religión como tal. 

Ahora vivo como un ser humano con principios y convicciones, hago las cosas por humanidad y no por que dios me mira y que me premiará o castigará por lo que hago. 

Por el ambiente religioso en que vivia significó un suicidio social, cortar con mi mejor amigo homofóbico (aún no sabe verdaderamente por qué lo dejé, no quería entrar en discusión, por lo que, al final de todo, al parecer no éramos tan amigos), cortar con él era dejar la casa club y centro de reunión de los de la argolla (que era su casa) y con ello iba la argolla, o sea nuestro grupo social donde pasaban todos los acontecimientos, éramos los importantes, el motor de muchas cosas, todo giraba a nuestro entorno.

Y a mis 24 años tuve que empezar de nuevo. Re-inventarme, hacer nuevos amigos, descubrir nuevos ambientes, solo conservé 2 amigos, ambos gay.

Ha sido un proceso duro, pero la vida no nos deja solos, un año después de mi salida del closet, apareció El Gran Maestro, que me sostuvo, me enseñó a gatear, a caminar y a sortear muchas cosas de este mundo gay, ha sido mi amigo, guía y maestro. Ha sido como mi hermano mayor. 

Ya desde este punto de mi historia, a mis 32 años, cortar con mi pasado no estuvo tan mal. Como lo que dice el dicho, "lo que no te mata te fortalece", y como que la cosa va pa' largo, al parecer. Por ahora me siento mucho mejor, más libre, más autentico, más seguro.

Como un gusano de sacristía que se convirtió en mariposa (tan divina!!) vuelo, como dice la canción, sin mirar atrás!.