sábado, 4 de enero de 2014

Equilibrio


Se dice que para ser feliz no hay que esperar nada de nadie. Yo en lo personal no creo eso. Podrá quizás, evitarse uno algunos enojos o desilusiones, pero así de vivir amargado, mmm,  no.

No les miento. Con la salida de Manuel de la cárcel me hice ilusiones (yo y solo yo), cómo si solo yo y sus amigos cercanos de visita semanal existiéramos en su mundo. Después de una vista rápida de domingo y posterior regreso a un régimen semi institucional, es decir, solo sale los fines de semana, pensé que compartiríamos él y yo un poco más de tiempo. Pobre iluso, pasaron 2 meses hasta que lo volviera a ver, a punta de mensajes estábamos y llamadas los martes. 

Los fines de semana pasaba en casa esperando me invitara para irlo a ver, nada. Pasaba deprimido, angustiado y sinceramente desilusionado. Como si todas las muestras de cariño y tiempo que le dediqué no le hubieran impactado, como si el esfuerzo de cocinarle hubiera sido en vano y el sacrificio de levantarme temprano un sábado, después de una semana laboral, no hubiera sido la gran cosa. 

Me decía: Esto no me puede afectar y sin embargo lo hacía. Que si lo hice feliz en su momento (y creo que sí) eso debía bastarme. Uno no debe de esperar nada a cambio de lo que das con amor (en realidad al menos un Gracias espera uno). Aunque debo de confesar que después de pasar cada fin de semana durante más de medio año visitándole en la cárcel uno sinceramente espera algo más.

Llegué al punto de escribir Catarsis en un momento donde necesité un respiro, un desahogo de mi situación. Pero como en muchos casos, como dicen: lo que es de uno, ni quitándose el tiro y lo que no lo es, ni poniéndose para que le den. En el preciso momento, como si estuviera programado, como si me estuviera viendo por TV, justo cuando ya sólo me quedaba presionar Aceptar para borrar su número de mi celular y sacarlo permanentemente de mi vida, me llegan los mensajes de justificación del por qué de la lejanía, todas las razones muy bien justificadas y convincentes (al rato era lo que yo quería escuchar y me tragué todo el cuento). En fin, hubo una nueva visión de la situación. 

Con el tiempo se alcanzó el equilibrio en mi alma. Ya no espero su llamada los martes, no espero que me invite a pasar un rato con él los domingos. Si lo hace, bien, y si no, pues también. El centro de mi vida vuelvo a ser yo.

Claro, no les niego que haya un deseo sexual de ambas partes, porque así nos lo hemos expresado y actuado en ciertos casos, no les niego que me encanta que me diga Mi amor, o que me encanta que me robe un beso, de hecho, creo que estoy como enamorado de él. 

También me confieso que me alegré que cuando se presentó la situación esporádicamente y sin ser planeada (en serio) de restregarle en la cara el chico con quien salía y como decirle mira lo que te perdés. Claro eso implicó un sentimiento que no me lo esperaba, me dio un sentimiento como si lo estuviera abandonando, eso me mató, y creo que mató mi intento de relación con ese mae. Simplemente no puede con mí mismo el hecho de estar con alguien y que mi corazón estuviera con Manuel, no lo podía hacerme eso y hacérselo a ese chaval.

Incluso llegué a comprarle un ipod que yo quería y no me lo regalé a mí, si no a él (eso es amor)

Apesar del gran sentimiento que tengo, ya aprendí a no esperar nada de él, si llama bien, si no me textea, está bien, yo lo hago y él verá si contesta o no de inmediato. No me angustio si pasan las semanas y no lo veo o si van a pasear y no me invitaron. Sé muy bien lo que es que le invadan espacios vitales a uno, eso no quiero hacerlo con él.

Ya me siento en paz conmigo mismo con respecto a esta situación, y creo que eso es lo más importante, que nadie me robe la paz.

Vuelvo a un punto de equilibrio donde soy dueño de mi vida y mi alma. Continuo la búsqueda de... ¿una relación? .... en realidad ni sé si la deseo o no. 

Ahí veré que tal pinta el asunto..

Saludos