"Le pido al cielo sólo un deseo
que en tus ojos yo pueda vivir
he recorrido ya el mundo entero
y una cosa te vengo a decir
no encontré ojos así
como los que tienes tú.. "
Hola Gente.
Hoy le estaba comentado a un amigo sobre mis andanzas en mi caballo de aluminio y dos ruedas..
En aquellas épocas de mi juventud, donde me aventuraba por entre los potreros y cafetales, entre trillos y campos abiertos, bajo el sol o la lluvia, cuando yo era ciclista..
Pues sí, era ciclista y de montaña, época divina donde conocías lugares que de otro modo no hubieras conocido.. y no solo lugares, si no también gentes y gentecillas.
Una vez, en una de tantas donde mi creatividad no daba a más para buscar rutas nuevas, decidí subir de nuevo el Monte de la Cruz, en San Rafael de Heredia, cosa que ya había hecho como 5 veces, si embargo no deja de ser un reto; y desde la Universidad Nacional, veo a lo lejos un ciclista, cuyo hombros resaltaban, se le veían dibujados buenos músculos en los brazos y piernas contorneadas. Me dije, no lo voy a dejar que me pase por lo menos hasta San Rafael.
Y así pasó, detrás mío todo el tiempo hasta el pueblo, base de la cuesta. Como no quería perder a semejante hombre, lo dejé que me alcanzara en el centro de San Rafael, y empezando a subir el monte, ya estaba justo detrás mío. Como no soporto la presión de un ciclista detrás mío en una cuesta y para romper el hielo le dije: -Si quiere pasa adelante, que de seguro lo voy a retrasar-. y a lo que me responde: - Tranquilo, más bien es usted quien me lleva el ritmo-.
Después de ese momento y cuando podíamos empezamos a hablar, que la pendiente nos arrancaba el aliento y nos mantenía resignadamente en silencio.
En el primer descanso que tomamos nos presentamos y en ese momento pude ver sus ojos, y me enamoré. Quedé perdido en sus ojos verdes profundos como las selvas tropicales, donde casi podías ver volar a las guacamayas y escuchar a los congos y sapos. Nunca había visto unos ojos así. Y no sé que cara puse, no me disimulé nada, estaba ido en la belleza de ese par de esmeraldas que me observaban fijamente.
Subimos el monte, el camino, la cuesta y el cansancio parecían no existir, íbamos en una charla más que amena, nos contábamos acerca de nuestras vidas, donde vivíamos, que hacíamos, nuestras aventuras en bicicletas y viajes al exterior. El camino se hizo corto, como todo cuando se disfruta el momento. Al llegar al centro recreativo, le indiqué que yo iba a seguir, estuve tentado de quedarme ahí con él a ver que pasaba, pero tenía una misión que hacer, y sacrificando la compañía, me decidí continuar mi viaje. Para mi sopresa me dijo que me acompañaría, que nunca había subido hasta el cerro Dantas y emprendimos el viaje. Para ese momento no me quedaba dudas, algo estaba pasando, o al menos eso creía.
Me moría del hambre y en una expresión de mi sentir, una frase, saca unas galletas y las comparte, parecía que ya estaba en el cielo, me parecía increíble lo que estaba sucediendo. Curiosamente durante toda la charla nunca mencionamos a ninguna mujer en nuestras vidas, o cuando vimos alguna muchacha que merecería algún halago o comentario entre hombres como cualquier heterosexual lo haría, en nuestro caso solo el sonido de nuestras ruedas contra el pavimento y nuestro esfuerzo por vencer la pendiente era lo que se escuchaba.
Al llegar al monte, y en medio de la neblina tenía que ir al baño, apartado un poco, porque no quería que se armara una escena comprometedora, no sé como lo habrá tomado. Tomé la muestra de suelo (mi misión) y empezamos el descenso, sin complicación.
Al regresar al San Rafael, compré y compartí con mi compañero de viaje unas galletas y me lazó la bomba: -mi mujer debe de estar esperándome, ya he tardado bastante-. ¿Cuál mujer? me pregunté, nunca nunca me la había mencionado. Salida fácil ante una situación incomoda de venía venir? Me desilusionó, me dejó en el limbo, que fue aquello. Confuso seguimos bajando a Heredia y en el Palacio de los deportes me pidió el número para volver a salir a cletear.
Nunca volvimos a vernos, aunque hablamos por teléfono para concretar cita deportiva, no fue posible. Perdimos contacto.
Nunca conocí ojos así.