Ese día, el mundo cambió para mí. Como vuelto a nacer, como quién ve el mundo de otra manera.
Diez años llevo esperando para hablar con vos una tarde, creyendo estúpidamente que te ibas a aparecer. Al inicio, ni sabía cómo iba a hablarte, después, al pasar el tiempo y viendo que un saludo era lo único que se cruzaba entre nosotros y sin esperanza de algo más, el nudo en mi garganta se fue deshaciendo, perdí la esperanza y encontré alternativas, ahora simplemente el hablar con vos, no lo deseo.
En estos diez años he aprendido más de la vida que los primeros 24. Aprendí que la gente falla, y aprendí que la gente entra y se va de tu vida, que los amigos valen oro y los que están estarán por mucho o poco tiempo. Aprendí a aprovechar cada momento con ellos.
Aprendí que uno nunca estará solo en cualquier camino que uno emprenda. Dichosamente, hay gente buena, de la que uno puede aprender mucho y ellos están dispuestos a guiarte. La vida me permitió conocer a Gustavo, ex numerario del opus dei, ex militar, abogado, ingeniero industrial, gran consejero, El Gran Maestro, le llamo. Me enseño y guió en mis primeros años de esta nueva vida.
Encontré grandes amigos, leales como ninguno, Raul, Guillermo, Javier y mantuve a algunos, de mi vida pasada, Diego, Gilberto. Sí, todos abiertamente gay.
Otros muchos como Erick, Ricardo, Misael, Amanda, Donato, Gabriela, Jose Pablo, Josué, Leonardo, Manfred, Melvin, Ronald, Tomás, Manuel por nombrar algunos, me han permitido desarrollarme personal y profesionalmente. De ellos he aprendido mucho, y les guardo gran aprecio. Aprendí a ser feliz conmigo mismo, a sentirme orgulloso de lo que soy, a no temerle a la gente, a salir a la calle, a manifestarme, a no temerle a salir en televisión o en el periódico en medio de una marcha de orgullo gay. He recibido muchas muestras de cariño por parte de muchos otros.
Convivir en medio de la comunidad LTGB me ha enseñado a no juzgar a la gente, cada quien tienen sus historias y situaciones donde uno solamente puede y debe aceptar, comprender y promover. Si uno puede ayuda, si no, simplemente acompaña.
Por eso no te juzgo. Desde mi perspectiva veo tu persona y tu situación. No te miento y te soy sincero, cargo un gran resentimiento para con vos. Siento que me fallaste como padrino y como amigo.
Sé que te pudieran haber llegado comentarios de mi salida del closet, esperé que llegaras a ayudarme cuando mi mundo era un caos, por dicha esperé sentado. Que no lo supiste a tiempo, no sé, nunca te lo pregunté. Que debí haberte buscado de manera más activa, quizás, pero siempre había tenido el concepto que los amigos llegan y no se buscan, o al menos eso hago yo. O quizás lo que había no era amistad, como yo pensaba, tampoco lo sé, nunca lo pregunté, después lo deduje.
También me he preguntado por qué nunca te volviste a acercar más allá de un saludo de compromiso por el cumpleaños, un saludos en la calle y a la carrera. ¿Mi negativa para verte? ¿tu respeto a ésta mi decisión? no lo sé. ¿Las apariencias quizás, de verse con alguien abiertamente gay en San Joaquín? tampoco lo sé.
Después simplemente te ignoré. Preferí no saber de vos como preferí no saber de nadie de mis antiguos amigos en San Joaquín. En mi casa está prohibido hablar de vos y de ellos, así lo pedí, por mi salud mental, mi salud hepática, para evitar vomitar y perder la paz.
Pero llega estas fechas de fin de año, como quien espera lo no deseado, tu regalo aparece, el que no correspondo y llega año con año y me recuerda tu existencia y tu ausencia. Algunos de ellos me han servido, otros han terminado en la caridad y otros ni siquiera los he abierto. ¿Por qué no comprende que no lo deseo? (Quizás por que no le has dicho, quizás no comprende que al no corresponderlo es porque no lo deseo, me respondo a mí mismo). O quizás lo sabe pero insiste para que algún día provoque una reacción en mí. Si esta última era tu intensión, felicidades, lo has conseguido, esta es mi reacción.
No voy a hacer malagradecido. Te agradezco el gesto pero preferiría que no lo hicieras, pues es como regalar a quien ya no conoces. Aprovecha mejor el dinero, cómprale un café a una persona sin hogar, regálale una bolsa de arroz a alguien y acuérdate de mí cuando lo hagas. Prefiero ese regalo a que me envíes cosas, porque ni siquiera te dignas a aparecer por acá.
Algunos de mis amigos me preguntarán por qué gasto mi tiempo en esto. Porque no es por vos que lo hago, es por mí, porque justo ahora estoy cerrando mucho círculos y ya correspondía cerrar este, que hace tanto tiempo me duele.
Diez años tardé en hablarte y espero no tener que volverlo a hacer.
El Kadejos.
