miércoles, 25 de febrero de 2015

La Historia de Francisco. Parte I. San José



Ya hacía rato que quería escribir de él, pero no sabía como. Y ahora que todo ha terminado, no tengo reparo en hacerlo. No significa que esta sea una historia un desahogo o una sacada de trapos sucios por un trágico y brutal despecho, al contrario, es una linda historia de amor, casi como la de un cuento de hadas de estas de Disney o en este caso, una linda historia de amor entre los príncipes de Disney, solo que ésta llegó a su final, o al menos eso creo. Quien sabe, al rato estas historias sirvan de inspiración para alguna película de cine independiente dirigida por Pedro Amodovar o Benicio del Toro (¿qué? Soñar es barato). Como siempre, cambiaré nombres a los personajes (google es muy poderoso en la asociación de palabras) e incluso me asignaré uno para darle un poco de personalidad a la historia, seré Antonio.

Corría el año de 2008, en esa época combinaba mi labor de laboratorio en la UCR con unas clases en un colegio privado, al este de la capital. En un día de tantos, entre los meses de mayo y junio, había tomado el autobús para San José, estaba sentado solo, junto a la ventana y a 3 puestos del chofer. Como es normal, el autobús hizo parada en el Mall San Pedro y se subió entre algunos otros, un hombre de mediana edad, estatura media, moreno, ojos achinados, linda sonrisa, hermosos brazos y cabello rubio evidentemente teñido (¡que loca! me dije). Me miró cuando pasó a la par mía y en ese momento me pensé "Este mae va a venir a sentarse a la par mía en 5, 4, 3, 2, 1....." y nada. Me dije "¡Ah, qué bien!" y los 3 segundos más, llegó y se sentó ("Del terror, no lo puedo creer"). 

No tardó en hacerme conversación:
-Hola, disculpa, usted sabe hacia donde se dirige este bus?
(¿quién toma un bus y ni siquiera sabe hacia donde se dirige!!?)
-Hacia San José, al final del bulevar de la Avenida Central.- le contesté.

Ese cruce de palabras fue suficiente para que entabláramos una conversación, nos presentamos y como fue una charla amena y no pesada ni estúpida como solían hacerlas algunos, bajé la guardia. Llegamos a la parada final y me disponía a continuar mi camino, al parecer, Francisco tenia cierta ruta similar a la mía, continuamos hasta la Plaza de la Cultura y justo ahí me invitó a un café, acepté la invitación y bueno, al parecer tenia un gusto refinado, pues llevó a la cafetería del Teatro Nacional (pero que fufú este guey, fijo es para impresionar). Hablamos de todo un poco, Francisco era un consultor de liderazgo y otras  mierdas asociadas, daba consultorías a compañías vía telefónica (nunca supe para qué diablos lo llamaban y a preguntarle qué, si no trabajaba en esas empresas. Sí, la gente es rara) vivía en Boston y estaba de visita en Costa Rica dando una serie de consultorías al Patronato Nacional de la Infancia. Hablamos de nuestra afición a la lectura y una cosa llevó a la otra y terminamos en la Librería Internacional buscando un libro llamado Siddharta el cual me regaló y aún conservo. Intercambiamos teléfonos y nos despedimos.

Nos seguimos viendo durante su estadía en Costa Rica. Aparte de su casa en Boston, alquilaba un apartamento en Rohmoser, un barrio exclusivo de la capital josefina y tenía otro en París, que según me dijo, cuando se aburría se iba a descansar a las orillas del Sena. Ahí fue cuando me di cuenta con quien me estaba relacionando.

Nunca me había relacionado con gente pudiente, pues uno que viene de un pueblo de las provincias de un país tercermundista queda un poco fuera de lugar con la gente que vive en el mundo de las mil maravillas y donde todo está al alcance de un tarjetazo. Pero bueno, como dice un amigo, la belleza a uno no le va a durar toda la vida y no todo el tiempo alguien le va a regalar cosas y en los casos que se den, uno simplemente dice "gracias".

Durante su estadía nos seguimos viendo, fuimos a ver una casa en el condominio de Punta Leona, almorzamos en Villa Caletas, todo bellísimo, riquísimo, lindísimo. Fuimos a las discos y bares, cenamos en el Tin Jo, fuimos a escuchar a una soprano famosa recién llegada de Europa al Teatro Nacional (en luneta! -Antonio no se duerma y finja que te gustó y que estaba muy interesante, aplauda, aplauda como una foca!-) pasamos noches juntos. También hizo una fiesta en su apartamento con gente que apenas conocía, con pizzas compradas en Pane et Vino. El mae no escatimó en gastos. Incluso ofreció llevarme a pasear a México!! Pero ahí, justo ahí, fue cuando me entró un susto. Un mae al que le sobre la plata, se busca una inocente creatura de clase sencilla, le da de todo y de repente le ofrece llevarle a México (entre otras opciones) me dije, ese mae de fijo es un narco que busca un burro para que le meta la droga allá. Este viaje al final no se dio pero Francisco iba en serio. Me presentó a parte de su familia, aspecto muy importante que equilibró la balanza (un narco no te presenta a los tíos y sobrinos de Puntarenas

Fue y vino a Costa Rica como en dos ocasiones más en ese año, nos vimos en la primera y en la segunda solo coincidimos, esa vez salía con un chavalo (Victor) que conoció en la fiesta esta del apartamento la vez anterior. Me dije, fijo me cambió por este mae, sí, tenía mejor cuerpo y sí, el mae tenía más libertad que yo en esa época, y fijo ya se lo echó, si lo hizo conmigo ¿por qué no con él?. Ok. no hay problema. Qué cada quien siga su camino.

Sí, me sentí un poco desilusionado. Pero como dice el dicho, lo que fácil llega, fácil se va. Victor y yo estuvimos en contacto por un tiempo, no fuimos cercanos, apenas nos hablabamos, pues la parte en común, de alguna forma, era Francisco.

Un año después se me presentó la oportunidad de ir a Bogotá y justo en esas épocas se vuelve a contactar Francisco conmigo para que fuera con Victor a Boston, me dije, este mae lo que quiere es hacer un trío (lo sé, lo sé!!) o no sé que querrá. Yo no podía, una semana después de la llegada de Boston tendría que irme a Bogotá a un curso el cual estuve esperando la oportunidad por 2 años, aparte que no tenía el dinero ni visa para ir a EUA.

Hasta ahí supe de él por un tiempo, nos teníamos de contacto por Facebook, uno que otro recado, nada cercano y listo.

Pero esta es la primera parte de la historia. No quiero hacerla muy larga, las iré soltando por partes.

Saludos

Antonio (El Kadejos)