Después del canopy de febrero había quedado pendiente un viaje al Pacuare para hacer rafting.
Ese día se pasó muy bien, el clima nos favoreció y no había amenaza de lluvia, lo que alejó los temores acerca del tour y sus riesgos implícitos. En 9 días él tenía que tomar un avión para ir a estudiar a Europa por lo que no le podía pasar nada, bien lo había advertido su madre y a pesar de ello y por mi insistencia nos aventuramos al río.
A pesar de que tomas todos los cuidados y podes proteger a la gente que quieres, en el momento de encuentro con la muerte estás solo, es un momento personal.
En las etapas finales del tour, una balsa nos golpea y nos hace caer al agua, yo confiaba en el salvavidas que lleva puesto, que me elevaría a la superficie. Pasaba el tiempo y eso no sucedía. Podía sentir el agua revoltosa a mi alrededor, pero no ascendía. El tiempo pasaba despacio, muy lento y no ascendía. Sabía que pronto se me iba a acabar el aire de mis pulmones. Mis pensamientos fueron: -hasta aquí me la prestaron. Yo no importa, pero que chinito esté bien-. Y esperé a la reacción involuntaria de mi cuerpo de expander los pulmones. En el límite de mi reserva de oxigeno me dije: -Intente salir, lo que tenga que pasar, pasará-. Patalié y alcancé la superficie, una bocanada de aire fue la primera reacción de mi cuerpo y abrir los ojos para estabilizarme con el temor de hundirme de nuevo.
Me sacaron del agua y lo primero que se me vino a la mente fue: ¿Dónde está chinito? Ya ubicado y sabiendo que estaba en zona segura pude tranquilizarme.
Después le dije: -no sé que hubiera hecho si algo le pasaba con qué cara me presento ante su madre-, de hecho él no tuvo ni un rasguño, yo me golpeé un brazo y una rodilla me sangraba.
Ya con más calma medité en los hechos, sé que tuve a la muerte al frente, si, la misma con quien había hablado años atrás, casi que le exigí no tocar a mi amigo.
¿Cuánto podes amar a tu amigo si cuando estas de frente a la muerte pensas sólo en él, deseando su bienestar ante la impotencia de estar frente a algo que te supera y estas a merced del destino? Yo mismo me he sorprendido con esta reacción y me he puesto a pensar el impacto que la gente puede tener sobre ti o el impacto que podes tener en las personas, en lo frágiles que somos.
Me dí cuenta que no le temía a la muerte, en ese momento solo esperaba que me diera la mano y me llevara hacia la luz que veía sobre mi cabeza, la esperaba apaciblemente, era esperar el descanso.
