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viernes, 24 de agosto de 2012

Cara a cara con Sariel

En definitiva, como dice el dicho popular, uno a este mundo viene solo y se va solo.

Después del canopy de febrero había quedado pendiente un viaje al Pacuare para hacer rafting.

Ese día se pasó muy bien, el clima nos favoreció y no había amenaza de lluvia, lo que alejó los temores acerca del tour y sus riesgos implícitos. En 9 días él tenía que tomar un avión para ir a estudiar a Europa por lo que no le podía pasar nada, bien lo había advertido su madre y a pesar de ello y por mi insistencia nos aventuramos al río.

A pesar de que tomas todos los cuidados y podes proteger a la gente que quieres, en el momento de encuentro con la muerte estás solo, es un momento personal.

En las etapas finales del tour, una balsa nos golpea y nos hace caer al agua, yo confiaba en el salvavidas que lleva puesto, que me elevaría a la superficie. Pasaba el tiempo y eso no sucedía. Podía sentir el agua revoltosa a mi alrededor, pero no ascendía. El tiempo pasaba despacio, muy lento y no ascendía. Sabía que pronto se me iba a acabar el aire de mis pulmones. Mis pensamientos fueron: -hasta aquí me la prestaron. Yo no importa, pero que chinito esté bien-. Y esperé a la reacción involuntaria de mi cuerpo de expander los pulmones. En el límite de mi reserva de oxigeno me dije: -Intente salir, lo que tenga que pasar, pasará-. Patalié y alcancé la superficie, una bocanada de aire fue la primera reacción de mi cuerpo y abrir los ojos para estabilizarme con el temor de hundirme de nuevo. 

Me sacaron del agua y lo primero que se me vino a la mente fue: ¿Dónde está chinito? Ya ubicado y sabiendo que estaba en zona segura pude tranquilizarme.

Después le dije: -no sé que hubiera hecho si algo le pasaba con qué cara me presento ante su madre-, de hecho él no tuvo ni un rasguño, yo me golpeé un brazo y una rodilla me sangraba. 

Ya con más calma medité en los hechos, sé que tuve a la muerte al frente, si, la misma con quien había hablado años atrás, casi que le exigí no tocar a mi amigo. 

¿Cuánto podes amar a tu amigo si cuando estas de frente a la muerte pensas sólo en él, deseando su bienestar ante la impotencia de estar frente a algo que te supera y estas a merced del destino? Yo mismo me he sorprendido con esta reacción y me he puesto a pensar el impacto que la gente puede tener sobre ti o el impacto que podes tener en las personas, en lo frágiles que somos. 

Me dí cuenta que no le temía a la muerte, en ese momento solo esperaba que me diera la mano y me llevara hacia la luz que veía sobre mi cabeza, la esperaba apaciblemente, era esperar el descanso. 









miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diálogos con La Muerte


Creo que ni al mejor estilo de Uvieta, de los Cuentos de mi tía Panchita. Les voy a contar lo que me pasó.

Un día iba muy feliz manejado por barrio Turnón, cuando de repente oigo una voz, como si estuviera en el asiento del pasajero que me dice: "En dos semanas va a morir alguien importante en la Iglesia Católica" y me pensé, una semana tiene muchos días, y le pregunto a la voz con la mayor tranquilidad, "¿Qué día exactamente?" y me dice: "El martes". En ese momento no se me ocurrió preguntar quien iba a ser el fallecido.

Dos semanas después el martes amanecí muy inquieto, esperando la noticia de ver quien se moriría, yo me supuse que mínimo el papa, pero Juan Pablo II estaba relativamente bien de salud para ese entonces. Este evento sólo se lo conté a dos amigas ese mismo martes pasadas las 6 de la tarde, ya que no había pasado nada, las noticias las acaparaban el asalto a la agencia del Banco Nacional de Monteverde y la masacre de las 9 personas, obvio que si moría alguien no iba a trascender así no más. Pasado el día y al no saber nada me dije, que vara más rara.

A la mañana siguiente, me llama una de esas amigas y me dice: Kadejos (obvio que mi nombre de pila), ¿usted sabe quién se murió ayer? y yo "no, ¿quién?" me dice: "Monseñor Arrieta!" ¡quedé frio! (y puro las películas: aló, aló??) no lo podía creer, cómo era posible que me dijeran semajante cosa semanas atrás! ¿Con quién había hablado fuerte y claro la otra vez??

Y si con eso no hubiera sido suficiente, dos días después, cuando enterraron a Monseñor, simplemente pregunto, refiriéndome a la Voz esta: "¿Y el papa qué? ¿cuando?" y a lo que me contesta: "2 - 3 de abril"

Juan Pablo II muere el 2 de abril a las 9:37 pm hora local, es decir, ya en medio planeta era 3 de abril.

Dos meses después me dice: "Al final de mes muere alguien en su familia" y efectivamente muere mi tía dos semanas después al final del mes.

Mi pregunta desde ese momento es: ¿Con Quién he hablado? ¿Con la misma Muerte? ¿Ángeles o demonios? No voy a decir que hablé con Dios, sería demasiado pretencioso, pero la duda me queda.