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domingo, 2 de noviembre de 2014

El final


Más bien le había dado muchas largas al asunto, pero el final será esta semana.

A Manuel, aunque ya no me significa nada en mi vida (como leer entre líneas que sí, aún me autoconvenzo, quizás lo que quedó fue que hirió mi ego) en realidad desde hacía ya bastante tiempo, le tenía un poco de compasión, su situación no era fácil. Y aunque no se comunicó gran cosa desde febrero de este año, cosa que no me extrañó, tampoco lo busqué, las razones, después las conocerán. 

Solo le busqué para recuperar algunas cosas mías y después de esto el final es definitivo, cosas como un bolso muy chiva y uno de mis favoritos, que me regalaron y el cual se lo había prestado por un tiempo y unos parlantes para un iPhone que son de mi hermano y aunque no los necesitamos lo pedí solo para cerrar círculos.

Como buen científico que soy, terminé mi experimento social, nunca me buscó ni para actualizarnos, obvio como amigos, eso dice mucho y según pude leer entre líneas, no es de fiar. No me sorprendió.

Ahora recojo los tiliches faltantes y continuo mi marcha por mi vida que ha girado de manera muy positiva.

Cierro finalmente este circulo, etapa de la que aprendí mucho y de la que no quiero replicar en mi vida. Aprendí todo lo que uno no debe de hacer a sus amigos y a quienes te brindan la mano, a ser agradecido y a sacar tiempo para todos, al menos, estar pendientes. Si las personas están a tu lado es porque nos necesitamos, si te buscan es porque te quieren y si no, ni te merecen ni merecen tu tiempo. Obviamente hay cosas que hay que provocarlas y toda acción tiene su reacción (3º ley de la termodinámica) de ahí uno toma medida para actuar.

Sacado todo esto de mi ser, felizmente llegó el final.



Feliz, pues obvio. Ahora tengo una gran luz en mi vida, las puertas del mundo se han abierto para mí y el destino me ha escogido para cosas grandes, inimaginables y jamás soñadas, que estoy asumiendo con gran expectativa y esperanza. Que necesito cerrar otros círculos, sí, pero solo a nivel laboral y profesional, tengo una cadena menos, me siento más liviano y libre.

Mundo, prepárate que ahí voy dispuesto a conquistarte.

Felizmente, Kadejos


viernes, 24 de agosto de 2012

Cara a cara con Sariel

En definitiva, como dice el dicho popular, uno a este mundo viene solo y se va solo.

Después del canopy de febrero había quedado pendiente un viaje al Pacuare para hacer rafting.

Ese día se pasó muy bien, el clima nos favoreció y no había amenaza de lluvia, lo que alejó los temores acerca del tour y sus riesgos implícitos. En 9 días él tenía que tomar un avión para ir a estudiar a Europa por lo que no le podía pasar nada, bien lo había advertido su madre y a pesar de ello y por mi insistencia nos aventuramos al río.

A pesar de que tomas todos los cuidados y podes proteger a la gente que quieres, en el momento de encuentro con la muerte estás solo, es un momento personal.

En las etapas finales del tour, una balsa nos golpea y nos hace caer al agua, yo confiaba en el salvavidas que lleva puesto, que me elevaría a la superficie. Pasaba el tiempo y eso no sucedía. Podía sentir el agua revoltosa a mi alrededor, pero no ascendía. El tiempo pasaba despacio, muy lento y no ascendía. Sabía que pronto se me iba a acabar el aire de mis pulmones. Mis pensamientos fueron: -hasta aquí me la prestaron. Yo no importa, pero que chinito esté bien-. Y esperé a la reacción involuntaria de mi cuerpo de expander los pulmones. En el límite de mi reserva de oxigeno me dije: -Intente salir, lo que tenga que pasar, pasará-. Patalié y alcancé la superficie, una bocanada de aire fue la primera reacción de mi cuerpo y abrir los ojos para estabilizarme con el temor de hundirme de nuevo. 

Me sacaron del agua y lo primero que se me vino a la mente fue: ¿Dónde está chinito? Ya ubicado y sabiendo que estaba en zona segura pude tranquilizarme.

Después le dije: -no sé que hubiera hecho si algo le pasaba con qué cara me presento ante su madre-, de hecho él no tuvo ni un rasguño, yo me golpeé un brazo y una rodilla me sangraba. 

Ya con más calma medité en los hechos, sé que tuve a la muerte al frente, si, la misma con quien había hablado años atrás, casi que le exigí no tocar a mi amigo. 

¿Cuánto podes amar a tu amigo si cuando estas de frente a la muerte pensas sólo en él, deseando su bienestar ante la impotencia de estar frente a algo que te supera y estas a merced del destino? Yo mismo me he sorprendido con esta reacción y me he puesto a pensar el impacto que la gente puede tener sobre ti o el impacto que podes tener en las personas, en lo frágiles que somos. 

Me dí cuenta que no le temía a la muerte, en ese momento solo esperaba que me diera la mano y me llevara hacia la luz que veía sobre mi cabeza, la esperaba apaciblemente, era esperar el descanso.