Este es un tema super escabroso por el montón de aristas que tiene, hay mucha tela que cortar y tema de nunca acabar.
En lo que a mí respecta, he abordado este dilema de la siguiente forma.
Mis antecedentes
Nací en familia muy conservadora, católica y herediana. Es una familia grande de un patriarca muy estricto y volcado de lleno a la religión. Mi abuelo, hombre respetable en el pueblo. Ser hijo o nieto de este señor ya te hacía miembro inmediato de la alcurnia, como suele ser en los pueblos a finales del siglo XX. Era casi como ser de familia real. Por lo que los descendientes de un miembro respetable de la sociedad debía de guardar la compostura y reglas sociales, comportarse a la altura del patriarca.
A pesar del pasar del tiempo muertos ya mis abuelos, mis tias y mi madre fueron fieles a la tradición de su crianza, por lo que nos educaron de la forma más correcta posible.
Me di cuenta de que era gay a los 14 años, pero me asustaba el hecho del qué dirán, un nieto de don Joaquín (nombre ficticio) homosexual era el oprobio en la familia y había que guardar las apariencias, más cuando en la familia había un nieto en el seminario y una nieta monja misionera.
Me lo negué, lo negué por 10 años, en este periodo de tiempo me encerré en grupos religiosos de pastorales juveniles, movimiento de encuentros de promoción juvenil, coros religiosos y hasta el punto de hacer núcleos vocacionales. También tenía mucha influencia religiosa, mi padrino de confirma es sacerdote y tuve un guía espiritual de grueso calibre, que junto a un desfile de seminaristas y sacerdotes formadores que me ayudaban en mi discernimiento de mi vocación y formación religiosa con retiros espirituales y demás. Hasta me fui de misión en las recónditas montañas de Palmar Sur, en la zona sur de mi país en una semana santa. No lo niego, todo esto me ayudó a ser lo que soy hoy, una persona independiente, de pensamiento propio, critico, líder, un poco creativo, firme en mis convicciones, espiritual. Tampoco voy a atribuirle el hecho de negar mi homosexualidad para realizar todas esas cosas, de hecho, mi identidad sexual quedó relegada, tenía otras cosas que me distraían.
Hasta que llegó lo inevitable, enfrentarme a mi mismo y aceptar lo que soy. Dejé núcleos vocacionales por miedo a que descubrieran que era gay y me echaran de la forma más humillante posible. Por lo que preferí seguir el consejo de mi madre y terminar una carrera universitaria. Seguí negandolo un tiempo más, tuve 3 novias.
El 31 de mayo de 2004, cuando caminaba con un amigo, le dije "No tengo clara mi orientación sexual", el hecho de decirlo con mi boca, era admitirlo, ya no había vuelta atrás. Había pasado la línea de lo no aceptable por la iglesia, rompí con mi última novia con el cuento de la madurez, y no era tan mentira, había 7 años de diferencia y un periodo de universidad, si le hubiera dicho que era gay, cae en cruz y nunca más con un hombre, más que estaba re-enamorada (pobre mujer engañada!).
Y vi que era bueno (rico y sabroso), digo, que no sabía a pecado como nos habían dicho, que salirse de lo establecido era casi como estar en el infierno en la tierra, que todo te iba a salir mal y que el mundo sería frío, oscuro y tenebroso. Vi que no iba a desatar la furia de dios partiéndome con un rayo o iba a dejar caer sobre mi un meteorito. Justo antes de este instante, llegué a confesarme cada semana, hasta le mentía al cura de la última vez de la confesión para que no me preguntara nada, o sea, estaba a una cuarta del cielo, todo por un terrible y pesado sentimiento de culpa.
Frente a mi mismo me dije: Esto no pudo seguir así, y como Hamlet me dije: ser o no ser, ese es el dilema. O soy católico o soy gay, es como el agua y el aceite. Me criaron de manera que no puedo llevar doble vida, me criaron para ser auténtico, por eso no va conmigo la hipocresía, la infidelidad ni la mentira, por eso no podía ser sacerdote, que horror!
Me dije: Lo playo no se me iba a quitar nunca, pero podía deshacerme del sentimiento de culpa que una religión cargaría sobre mí. Así que decidí dejar la religión como tal.
Ahora vivo como un ser humano con principios y convicciones, hago las cosas por humanidad y no por que dios me mira y que me premiará o castigará por lo que hago.
Por el ambiente religioso en que vivia significó un suicidio social, cortar con mi mejor amigo homofóbico (aún no sabe verdaderamente por qué lo dejé, no quería entrar en discusión, por lo que, al final de todo, al parecer no éramos tan amigos), cortar con él era dejar la casa club y centro de reunión de los de la argolla (que era su casa) y con ello iba la argolla, o sea nuestro grupo social donde pasaban todos los acontecimientos, éramos los importantes, el motor de muchas cosas, todo giraba a nuestro entorno.
Y a mis 24 años tuve que empezar de nuevo. Re-inventarme, hacer nuevos amigos, descubrir nuevos ambientes, solo conservé 2 amigos, ambos gay.
Ha sido un proceso duro, pero la vida no nos deja solos, un año después de mi salida del closet, apareció El Gran Maestro, que me sostuvo, me enseñó a gatear, a caminar y a sortear muchas cosas de este mundo gay, ha sido mi amigo, guía y maestro. Ha sido como mi hermano mayor.
Ya desde este punto de mi historia, a mis 32 años, cortar con mi pasado no estuvo tan mal. Como lo que dice el dicho, "lo que no te mata te fortalece", y como que la cosa va pa' largo, al parecer. Por ahora me siento mucho mejor, más libre, más autentico, más seguro.
Como un gusano de sacristía que se convirtió en mariposa (tan divina!!) vuelo, como dice la canción, sin mirar atrás!.

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